Un cierre que deja más preguntas que respuestas (y eso está bien)

Por Vanesa Martín, Responsable de proyectos y Nuevas Narrativas de la Fundación porCausa. Un hombre que se estaba ahogando en el mar vio pasar varios barcos que le ofrecieron ayuda. Él la rechazó bajo el argumento de que Dios lo salvaría. Una vez en el cielo, le reclama a Dios no haberle salvado, ante lo que Dios le responde: «Te envié varios barcos».
Bader, uno de los participantes del empoweryouth, nos cuenta esta fábula para explicar el significado profundo de Inshallah, término árabe del que proviene ojalá y como se usa en su entorno más cercano. Más allá de su connotación religiosa —’si Dios quiere’—, Inshallah habla de pertenencia a una comunidad, de reconocer que sin el apoyo mutuo estamos perdidas. Ante la vida no sirve esperar, tenemos que tomar acción en lo que sucede.
Escribo estas líneas desde Bilbao, en el evento de cierre del empoweryouth. Proyecto en pantalla el fragmento del podcast donde Bader cuenta esta historia. Además de hablar de logros, aprendizajes, conclusiones, y seguir imaginando juntas de qué manera podemos dar continuidad a este proceso, no quería olvidar la relevancia de lo importante que es conectar a personas de distinto orígenes e historias, que podrán caminar a partir de ahora cerca las unas de las otras. Haciendo de las diferencias una fortaleza para el grupo, y generando un compromiso social en la lucha contra el discurso de odio islamófobo.
Al final de la jornada, Salah El Yaakoubi, humorista marroquí y musulmán, nos habló de una historia difícil y traumática de migración y desarraigo, pero también de una sociedad vasca que también es la suya. «Llevo 16 años en el País Vasco, ya soy una adolescente vasca» nos cuenta entre risas, con todo el movimiento que genera la adolescencia.
He de ser sincera, la creación y desarrollo de los grupos no ha sido fácil. Cuanto más te acercas a una cuestión, más consciente eres de todo lo que aún desconoces. Este proyecto me ha dejado con más preguntas que respuestas, y con la necesidad urgente de seguir conviviendo, escuchando y creando con la juventud musulmana —y con la juventud en general.
Una de las grandes conclusiones que surgen de este proyecto es la necesidad de crear espacios híbridos, espacios diversos donde las diferencias convivan en armonía. La segregación conduce al desconocimiento, el desconocimiento a la otredad, y la otredad al discurso de odio. Es un círculo vicioso que se repite en el tiempo, y que si no se detiene, conduce a la formación de estados autocráticos, como estamos viendo en la actualidad con el auge de políticas antiinmigrantes de Trump. Cómo parar a tiempo esta rueda es el enigma por resolver.
No reaccionar a los marcos que nos propone el odio y generar comunidades fuertes y cohesionadas parecen ser algunas de las claves para crear sociedades diferentes y fortalecer nuestras democracias que hoy parecen tan frágiles. Como nos recuerda Bader, no podemos esperar a que venga un dios a salvarnos. Tenemos que empezar a agarrar la mano de quienes necesitan nuestra ayuda, y también dejarnos ayudar. Huir del enfoque adultocéntrico que predomina y generar espacios seguros, participativos y sobre todo inspiradores para la juventud es la tarea más urgente que este proyecto nos deja.





