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Tridos Bank: tres claves para entender por qué el greenwashing energético se ha convertido en un riesgo sistémico

Tridos Bank: tres claves para entender por qué el greenwashing energético se ha convertido en un riesgo sistémico

En Noticias Positivas reproducimos este texto enviado por Triodos Bank sobre greenwashing energético por su interés. Europa atraviesa un momento crítico que puede marcar un antes y un después en materia de política climática. Tras varios años de impulso normativo sin precedentes, el European Green Deal se encuentra hoy en un momento de revisión que puede descarrilar hacia la desregulación y los correspondientes debates sobre competitividad, seguridad energética y justicia social. Su futuro se discute bajo la presión de la inflación, la inestabilidad geopolítica y la necesidad de garantizar que la transición no agrave desigualdades ya existentes.

En este contexto complejo -donde la urgencia climática convive con mensajes contradictorios- emerge el greenwashing (el eco-lavado de cara) como otro riesgo de calado. Lejos de ser un fenómeno menor, se ha convertido en una barrera silenciosa que confunde a la ciudadanía, debilita la confianza en la transición y permite que algunos actores proyecten una imagen climática que no se corresponde con su impacto real, sin planes de transición auténticos ni inversiones alineadas con los principios de las finanzas sostenibles como marca la Taxonomía.

En Triodos Bank, entidad comprometida con una economía alineada con los límites planetarios y que plasma en su modelo de negocio a través de sus principios de negocio y primer banco firmante del Fossil Fuel Non-Proliferation Treaty, se  considera que este es el momento de reforzar la coherencia, la transparencia y la responsabilidad fiduciaria que las empresas tenemos como agentes clave en Europa, que se ha comprometido a reducir el 90% de sus emisiones para 2040. La transición energética precisa, antes de nada, un marco regulatorio robusto capaz de proteger a la ciudadanía de mensajes que distorsionan la realidad. Bajo esa premisa, la entidad comparte tres claves para entender por qué el greenwashing energético se ha convertido en un riesgo sistémico y qué necesita Europa para avanzar hacia una transición honesta y eficaz.

Un problema estructural. Cuando las palabras van por encima de los hechos

El greenwashing energético no surge por errores puntuales, sino por la brecha que todavía existe entre los compromisos climáticos que parte del sector financiero comunica y la orientación real de sus inversiones. En un momento en el que la ciudadanía busca señales claras sobre el rumbo climático de Europa, parte de la industria emite mensajes de neutralidad climática o transición energética que no se corresponden con su estructura de inversiones.

Esta desconexión genera un fenómeno que el sector arrastra desde hace años, el riesgo moral climático. Es decir, cuando el discurso promete avances que no se materializan, se retrasan decisiones esenciales, se debilita la confianza y se compromete la credibilidad de la transición. La Agencia Internacional de la Energía ha señalado reiteradamente que, en un escenario compatible con 1,5 °C, no caben inversiones nuevas en combustibles fósiles. Sin embargo, aún se destinan recursos a ello. Y cuanto mayor es esta contradicción, más espacio gana ese “lavado de cara” y más difícil resulta para la sociedad evaluar la credibilidad de los compromisos climáticos.

Desde Triodos Bank subrayan que la transparencia ambiental solo puede ser eficaz si está respaldada por una regulación clara y exigente. La experiencia reciente -incluida la salida de la entidad de la Net-Zero Banking Alliance– ha demostrado que los compromisos voluntarios no garantizan avances reales ni una alineación efectiva con los objetivos climáticos. Por eso, la información ambiental debe ser verificable, comparable y reflejar con precisión el impacto generado, de modo que permita a la ciudadanía evaluar la coherencia entre lo que las entidades declaran y lo que realmente financian. Solo en un marco regulatorio sólido la transparencia puede convertirse en una herramienta útil para reforzar la confianza y acelerar la transformación del sistema energético.

Regulación decisiva. Menos promesas y más pruebas

Europa reconoce la importancia de combatir el greenwashing para garantizar una transición justa, pero el paquete legislativo reciente para personas consumidoras ha supuesto un retroceso en ese ámbito porque la Directiva específica destinada a abordar ese problema ha sido finalmente retirada, y solo se mantienen las propuestas de Derecho a Reparar y de Empoderamiento del Consumidor. Esta ausencia debilita la capacidad para proteger a la ciudadanía frente a mensajes ambientales engañosos y refuerza la necesidad de marcos regulatorios más sólidos.

En España, la Ley de Consumo Sostenible avanza. En sectores como la energía -donde la complejidad técnica puede confundir incluso a las personas más informadas- esta ley marca entre sus objetivos que las ofertas se presenten con mayor claridad, trazabilidad y responsabilidad. En lo financiero, la taxonomía europea y los estándares de información de la CSRD o SFDR son ya el nuevo lenguaje común de la sostenibilidad. Su función no es premiar buenas intenciones, sino evitar que actividades que no contribuyen se disfracen.

Sin embargo, tal como recuerda Triodos Bank, la regulación es necesaria pero no suficiente. Europa necesita decisión política clara y determinante para mantener el rumbo del Green Deal y evitar que el contexto geopolítico ralentice su aplicación. Si queremos que la transición funcione de verdad, el cumplimiento debe ser tan ambicioso como las leyes que la inspiran.

Finanzas con coherencia. Con inversión fósil no hay transición real

La transición energética se juega también en los balances. La última década ha demostrado que, mientras la narrativa climática avanzaba, el flujo de capital hacia combustibles fósiles sigue siendo elevado. Un sector financiero que proclama su compromiso con la sostenibilidad, pero continúa con la financiación de petróleo, gas y carbón, contribuye a alimentar el greenwashing, que no es únicamente una cuestión de comunicación, sino de asignación de capital. Cuando el capital se orienta hacia actividades con alto impacto climático, la transición se ralentiza; cuando se dirige hacia energías renovables, eficiencia energética o modelos económicos con impacto social positivo, la transformación se acelera. Por lo tanto, el papel del sistema financiero -por su capacidad de reorientar inversiones y condicionar decisiones estratégicas- resulta determinante para garantizar que los compromisos climáticos se traduzcan en impactos tangibles y medibles.

En este contexto, la ciudadanía también adquiere un protagonismo creciente. Cada decisión de ahorro e inversión influye en la dirección que toma el modelo energético europeo. Por eso es tan importante ofrecer información clara, verificada y comprensible. No solo para cumplir la legislación, sino para dar a la sociedad la posibilidad de elegir un modelo energético coherente con sus valores.

Europa atraviesa un momento decisivo, en el que las revisiones de la CSRD, la redefinición de SFDR y las propuestas de la Comisión ponen de manifiesto una reducción de la ambición y una coherencia menor con los criterios establecidos en la Taxonomía europea.

En este contexto, es esencial reforzar la integridad del sistema financiero. La transparencia no puede diluirse ni convertirse en un ejercicio formal, sino que debe permitir identificar con claridad qué actividades contribuyen realmente a la transición y cuáles no. Solo con marcos normativos exigentes, coherentes y aplicados de forma rigurosa podremos garantizar que la financiación respalde la transformación que Europa necesita.

Porque la credibilidad de la transición no se construye con aspiraciones, sino con información fiable y decisiones alineadas con los límites planetarios.

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