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¿Qué hace una señora como yo escribiendo sobre islamofobia?

¿Qué hace una señora como yo escribiendo sobre islamofobia?

Por Vanesa Martín,Responsable de proyectos y Nuevas Narrativas de la Fundación porCausa. Me incomoda la pregunta y me incomoda la respuesta. Me gustaría no tener que estar escribiendo este artículo, pero la realidad es que, tras dos años como coordinadora de un proyecto con juventud musulmana y en contacto constante con estos y estas jóvenes, he entendido las dificultades que encuentran a la hora de ocupar espacio en un debate público profundamente polarizado e islamófobo.

Mi rol dentro del proyecto es acompañar a estos grupos de jóvenes, algunos migrantes pero la mayoría nacidos en España, dinamizando procesos de formación y trabajo colectivo con el fin de lograr la co-creación de una narrativa propia, que represente a la juventud musulmana y aporte diversidad de miradas a un debate público cada vez más estrecho y reactivo.

Ante la detección de una falta de presencia de juventud, y en especial de juventud musulmana en los medios y lugares de generación de narrativa, decidimos formar grupos de trabajo donde estos y estas jóvenes pudieran hablar en primera persona, contar sus historias, donde nosotras serviríamos de puente con los soportes informativos, dinamizando los procesos de aprendizaje y formación.

Sin embargo, tras casi dos años del proyecto Empoweryouth, y a unos meses del cierre, una de las grandes conclusiones es que estos y estas jóvenes prefieren no aparecer en los medios. Desean proteger su identidad para no verse expuestas a los ataques de odio islamófobos que podrían surgir si participan. También hay cierta suspicacia a como puedan ser interpretados por los periodistas. En algunos casos no han tenido buenas experiencias. Entre tímidas sonrisas prefieren rechazar la idea de publicar o escribir algo. En otras ocasiones, posponen la idea, dicen que lo van a pensar, pero lo cierto, es que finalmente son muy pocos los que se arriesgan.

En este sentido creo necesario llevar a cabo una profunda reflexión por parte de los medios y, tal como se está transversalizando el feminismo o el antirracismo, hacer algo similar para la detección de la islamofobia. A través de mi trabajo he sido consciente de la profunda simplificación y homogeneidad con la que se trata el mundo árabe, generando una fuerte otredad a través del discurso que termina justificando atrocidades como el genocidio que está teniendo lugar en Gaza.

islamofobia

De lo compartido puedo deducir que estas personas enfrentan violencias casi de manera diaria. Esto es mayor aún, en las mujeres que usan hijab. Expresan la dificultad y el miedo a tomar la decisión, pero también una gran valentía y determinación. Me resulta difícil entender cómo se aceptan y replican tendencias de moda que se asemejan a este atuendo, pero no se puede respetar una decisión personal, una cultura que aún conviviendo diariamente, nos resulta totalmente ajena.

Podría traer numerosos ejemplos de discriminaciones que surgieron en los debates. Personas gritando terrorista al ver a una adolescente de 19 años llevando el hijab. O insultos y señalamientos en los autobuses públicos. Invitaciones a abandonar su país de nacimiento entre otras, pero no quisiera ahondar en esto. Al menos no ahora.

Empiezo esta serie de artículos/diario, para contar una experiencia personal tan frustrante como enriquecedora, tan difícil como apasionante. Acercar mi experiencia a otras personas, que quizá como yo están llenas de estigmas y prejuicios sobre la práctica de la religión musulmana. Hablar desde la curiosidad y no desde el miedo. Entender nuestras raíces y cultura a través de un ejercicio de memoria y no de rechazo. 

Como dice Sanae, una jóven poeta y artista de origen marroquí en su poemario Agharas: “No sé si es el agua del pozo lo que corre entre mis entrañas, o el aceite del polvo hecho por baba, pero mi cuerpo pertenece al polvo que rechazo(…)”

Mi papel era romper el muro que separa a estas y estos jóvenes de los medios de comunicación y otros espacios del debate público pero no me esperaba un muro tan alto y tan grueso.

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