Feliz Día del Hombre

Artículo de Daniel Jiménez, director de Noticias Positivas. Todo llega para quien sabe esperar. Y sobre todo, para quien nunca tiene que esperar. Nos referimos a todos esos hombres que cada 8 de marzo continúan reclamando de manera insistente y lastimera, cual coro trágico griego, un día también para ellos. Pues aquí lo tenéis. Enhorabuena. Nuestras más sinceras felicitaciones. Este es el día, por fin. Como lo será también mañana. Y al otro. Y al día siguiente. Así que aprovechad, pues hay mucho y muy bueno que celebrar si eres hombre en este nuestro día.

En primer lugar, hay que celebrar lo bien que vivimos sin miedo. Sin miedo a que nuestra pareja nos agreda física o moralmente en mitad de una discusión o simplemente porque considera que le pertenecemos y que por tanto puede hacerlo si le place, si se aburre o si quiere dejar claro quién manda.

Sin miedo a andar de noche por una calle solitaria y que de pronto nos topemos con un desconocido con ganas de entablar una conversación que estamos muy lejos de desear. O lo que es peor, con ganas de aprovechar su superioridad física y la protección de la oscuridad para violarnos y quizá matarnos si cometemos la osadía de resistirnos.

Sin miedo a la condena social por no habernos resistido con la suficiente fuerza al violador porque simplemente estábamos paralizados o porque pensábamos que así al menos salvaríamos la vida. Pero no la deshonra ante el mazo del señor juez.

Sin miedo, en definitiva, a que nos asesinen. Solo por ser hombres. Sin miedo porque somos los elegidos por Dios, por ese Dios varón omnipotente que nos hizo a su imagen y semejanza y nos puso al frente de su creación para que nunca sintiéramos temor de nada ni de nadie.

Hoy también celebramos que somos libres e iguales en derechos. Iguales a los otros hombres, queremos decir, pero superiores siempre a las mujeres. Porque los hombres seguimos siendo los preferidos para encabezar la Jefatura del Estado en este nuestro reino según la santa y patriarcal Constitución. Porque no nos pueden obligar a trabajar sin contrato o en unas condiciones precarias e indignas propias de sectores masculinizados a los que parece que estamos abocados solo por nacer hombres y pobres.

Porque desconocemos que existen los techos de cristal y tampoco sabemos qué se siente cuando tus pies se quedan pegados al suelo. Porque seguimos cobrando más que ellas por el mismo trabajo y nunca nos toca elegir entre tener una familia o una carrera profesional. Porque nadie nos ha preguntado en una entrevista de trabajo si queremos tener hijos. Porque no vamos a ser despedidos por quedarnos embarazados. Y no nos van a cuestionar por seguir trabajando o por dejar de hacerlo en medio de un embarazo.

Celebremos también que somos los únicos soberanos de nuestros propios cuerpos. Y también de los suyos. Que ninguna de las decisiones que los hombres tomamos sobre nuestros cuerpos van a ser objeto de debate político, judicial o moral. Nadie, ni las feministas más radicales, se atrevería ni tan siquiera a plantearlo. En cambio, nuestras opiniones y juicios sobre los cuerpos de ellas siguen siendo los que deciden qué cuerpos femeninos son o no válidos y para qué sirven y nos sirven.

A los hombres nos sobran los motivos para estar satisfechos en este nuestro día. Seguimos siendo los dueños del mundo. Los que deciden dónde y cuándo será la próxima guerra o quién pasará hambre mañana. Los que ganan elecciones y dictan sentencias. Los que escriben el guion de su película favorita y quienes eligen por ellas lo que van a poder ver en su televisión.

Por todas estas razones y otras muchas que podrían llenar miles de libros, felicidades y enhorabuena para todos los hombres. Nosotros sí que tenemos mucho que celebrar todos los días. También el 8 de marzo, porque ese día también seguimos conservando todos y cada uno de los privilegios de los que gozamos simplemente por haber nacido hombres. Sin embargo, para ellas el 8 de marzo no es una jornada de celebración, sino de lucha. Como lo será al día siguiente, y al otro, y al otro después de ese. Y así pasarán los años, las décadas y los siglos. Y encima se enfadan si las felicitamos por tantos años de lucha.

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