Cosas sencillas que podemos hacer ya frente a la crisis energética… y el cambio climático

No nos cabe ninguna duda de que la peor y más trágica consecuencia del caos que ha provocado la guerra desatada en Oriente Medio por Estados Unidos e Israel es la muerte de miles y miles de personas inocentes. Dicho esto, resulta innegable que también tenemos un preocupante problema energético sobre la mesa. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha llegado a afirmar que esta guerra ha provocado la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado del petróleo.
De todas maneras, hablamos de un tema recurrente: cada cierto tiempo, estalla un conflicto en Oriente Medio, el mundo se vuelve loco gracias a los majaderos que están al frente y la energía se dispara a precios inasumibles. Hace décadas, no había más remedio que soportar todo esto, pero afortunadamente los tiempos están cambiando gracias a las energías renovables, que están permitiendo a nuestro país resistir mucho mejor que otros la subida de los costes de la energía.
“El pasado sábado, España tuvo un precio de la electricidad que fue de 14 euros el megavatio hora. En Italia, en Alemania y en Francia fue de más de 100 euros el megavatio hora”, explicaba recientemente Pedro Sánchez. Hay que reconocer que no siempre la comparativa va a ser tan favorable, pero aún así la balanza sigue de nuestro lado. Según los expertos, se prevé que el coste de la energía se sitúe en España en unos 66 euros por megavatio hora. Sigue siendo prácticamente la mitad que en Italia.
También debemos ser conscientes de que la urgente transición energética a las renovables no va a completarse de la noche a la mañana. Aunque hemos avanzado bastante, todavía queda otro trecho para descarbonizar el mundo. Pero mientras proseguimos por esta línea, sería interesante que paralelamente pusiéramos en marcha otra serie de medidas que acaba de recomendar la AIE y que son de puro sentido común. Tanto para paliar la factura energética como para luchar contra el cambio climático.
Estas son algunas de las medidas que plantea la Agencia Internacional de la Energía:
- Extender el teletrabajo: trabajar desde casa reduce millones de desplazamientos diarios y, con ello, el consumo de combustible asociado a los trayectos laborales habituales. Curiosamente, no se habla de esto en los medios de comunicación. Hasta tal punto es importante el capricho por contar sillas ocupadas de ciertos empresarios.
- Ajustar los límites de velocidad en autopistas: rebajar la velocidad máxima en al menos 10 km/h permite disminuir de forma significativa el gasto energético, tanto de los turismos como de los vehículos pesados.
- Reforzar el transporte público: mejorar la calidad del servicio e introducir incentivos puede favorecer el cambio del vehículo privado al autobús o al tren, reduciendo así la demanda de combustibles fósiles.
- Impulsar el coche compartido y la conducción eficiente: aumentar la ocupación media de los vehículos y fomentar prácticas de ecoconducción ayuda a reducir el consumo sin necesidad de grandes inversiones.
- Reducir los vuelos de negocios cuando existan alternativas: sustituir desplazamientos aéreos por opciones como el tren en trayectos viables puede aliviar la demanda de combustible en la aviación.
Mes Europeo de la Diversidad
La Fundación para la Diversidad ha puesto en marcha en España una nueva edición del Mes Europeo de la Diversidad, una iniciativa impulsada por la Comisión Europea y la Plataforma Europea de Cartas de la Diversidad para promover la inclusión y la diversidad en el entorno laboral.
Este Mes Europeo de la Diversidad se desarrollará durante los meses de abril y mayo bajo el lema Mercados laborales inclusivos para todas las personas. Se celebra en los 27 países de la Unión Europea y alcanza este año su séptima edición. Su objetivo es promover y visibilizar la diversidad en el entorno laboral, impulsando lugares de trabajo más inclusivos a través de acciones concretas. Aquí te contamos más.
Comercio Justo
La nueva Ley Integral de Economía Social, aprobada recientemente en el Congreso, permite la definición y el reconocimiento explícito del Comercio Justo como sector de la Economía Social, definiendo con claridad las entidades que forman parte de la misma. En particular, la nueva legislación lo potenciará e impulsará como una fórmula innovadora de la economía social.
«Este reconocimiento debería ser catalizador para impulsar el potencial de este modelo que ha tenido durante décadas impacto en personas productoras y territorios del Sur Global pero que también fomenta iniciativas de comercio justo local, como ha sido el caso de Francia», señala Marta Mangrané, presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.
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