Climate Game Changers IV: La juventud toma la palabra para repensar cómo vivimos

¿Qué tienen que ver la harina de bellota, el poder de los algoritmos y una generación que ve cada vez más difícil acceder a una vivienda? Las tres cuestiones se cruzaron en la cuarta edición de Climate Game Changers, donde hablar de sostenibilidad llevó a preguntarse cuánto podemos elegir sobre nuestra vida y qué condiciones necesitamos para cambiarla.
La jornada reunió el 30 de octubre a estudiantes de institutos y universitarios con expertos, comunicadores y pequeños productores en la Facultad de Ciencias Sociales y Tecnologías de la Información de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Talavera de la Reina. La Facultad, el Aula de Educación Ambiental y la Fundación General de la universidad organizaron el encuentro junto a ClicKoala.
Escuchar antes de juzgar
Noticias Positivas participó en esta jornada con la grabación del podcast “Soluciones que inspiran”, én el que los jóvenes cuestionaron que se les atribuya la responsabilidad de cambiar el futuro mientras encuentran dificultades para construir el suyo. La vivienda y la presión de vivir cada vez más deprisa se entrelazaron con las cuestiones medioambientales en un debate marcado por la indignación y la sensación de no sentirse escuchados.
También preguntaron cuánto pesan sus esfuerzos frente a quienes más contaminan y expresaron rechazo a mensajes que les hacen sentirse culpables o juzgados. Sus intervenciones reclamaban un diálogo en el que hubiera espacio para las dudas y el desacuerdo.
Aquí tenéis el programa:
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Recuperar alternativas, afrontar consecuencias
Alejandro Jiménez llevó una alternativa inesperada a esa conversación: la harina de bellota. Un fruto hoy asociado sobre todo a la alimentación animal puede recuperar su lugar en panes, galletas y bizcochos. Su propuesta mostró que innovar también puede consistir en recuperar alimentos y conocimientos que hemos ido olvidando. Laura Nava, de la Asociación Terra Preta, y Jesús Martín, de Entreharinas, compartieron sus experiencias de producción de alimentos desde el respeto por la tierra y el cuidado de los procesos. Sus historias pusieron el foco en cómo producir cuidando la tierra y en el valor que damos a ese trabajo cuando compramos.
Las mesas abordaron también cómo adaptarnos a las consecuencias del cambio climático para la salud y prepararnos ante incendios e inundaciones. Comunicar estos riesgos planteó una tensión presente en el encuentro: transmitir la urgencia sin provocar una sensación de impotencia que aleje de la participación.
De la elección individual a la mirada colectiva
Los talleres de la tarde invitaron a pensar cuánto elegimos al consumir y cómo nuestras decisiones se relacionan con las de los demás. Gema Gómez, de Slow Fashion Next, abordó la influencia de los algoritmos en nuestras compras y destacó la apertura de los jóvenes cuando se les propone razonar sin imponer conclusiones. El juego de mesa «Dioses contra humanos», creado por antiguos alumnos y conducido por Carlos Céspedes, trasladó esa reflexión sobre el consumo a una experiencia compartida entre compañeros.
Ampliar la mirada más allá de lo individual resultó más difícil. «De mi taller me llamó la atención la dificultad a la hora de desarrollar una mirada social sobre los acontecimientos», explicó Fernando Santiago tras «El mapa de las emociones que mueven el mundo». Su observación señaló un reto: pasar de lo que cada persona puede hacer a lo que podemos cambiar juntos.
Beatriz Pérez, directora del Aula de Educación Ambiental, lanzó una pregunta que interpelaba a todas las generaciones: qué estamos dispuestos a cambiar de nuestra forma de consumir, de relacionarnos y de vivir para frenar el cambio climático. Prepararnos para lo que viene implica también cambiar lo que nos ha traído hasta aquí.
Los jóvenes han tomado la palabra. El siguiente paso es escucharlos y responder con hechos.





