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Ojalá: romper con la idea del musulmán pobrecito

Ojalá: romper con la idea del musulmán pobrecito

Por Vanesa Martín,Responsable de proyectos y Nuevas Narrativas de la Fundación porCausa.«La parte más interesante es cuando hacemos cosas», «Hay que dejar de hablar y hacer más», «queremos romper con la idea del musulmán pobrecito», «yo lo que quiero es hacer música». Son algunas de las frases que todavía resuenan en mi cabeza a tan solo unas semanas de dar cierre el proyecto Empoweryouth.

A través de los múltiples espacios generados en el proyecto con estos y estas jóvenes, se ha lanzado la campaña Ojalá. Como señala la Real Academia de la Lengua, Ojalá «(…)denota vivo deseo de que suceda algo». La juventud es una etapa en la que los sueños, las aspiraciones y a veces las dudas están muy presentes. Pero además de esto, con ojalá encontramos el vínculo perfecto que nos permite el lenguaje para enlazar también dos culturas a través de su historia común.

Ojalá viene el árabe hispano «law sha’a Allah» (“لو شاء لله”), que significa «quiera dios» o «si Dios quisiera». Esta palabra dio lugar al castellano antiguo «oxalá» y el moderno ojalá. Ojalá ya no lleva significado religioso, pero sí se utiliza de manera parecida a los otros usos de inshallah. Creíamos que mucha gente no conocía la procedencia del término. Para validar esta intuición, decidimos salir a la calle a preguntar a las personas por la palabra Ojalá. La sorpresa fue que la mayoría de personas no conocían el origen del término, y tampoco conocían otras palabras provenientes del árabe que sin embargo usamos de manera cotidiana.

En el marco de la campaña creamos camisetas, carteles, vídeos a pie de calle y un podcast. Una de las necesidades que más expresaron los y las jóvenes fue que querían sacar el proyecto a las calles, ocupar el espacio público. En el último encuentro, todas destacaron el podcast como la experiencia más interesante y también divertida. En él, los jóvenes compartieron historias familiares y su uso del vocablo. Además, expresaron el deseo de que la campaña se hiciera viral y de tener recursos para poder desarrollar sus proyectos propios.

El discurso islamófobo se ha centrado en la diferencia, generando una fuerte otredad entre las culturas occidentales y las árabes. En contraposición, nuestros encuentros trataron de buscar aquellos lugares donde nos encontramos. La comida, el lenguaje, la celebración, son espacios que reflejan una historia y costumbres compartidas. La separación y la diferencia generan deshumanización y violencia, mientras la convivencia en espacios diversos genera comunidad, amor y sentimiento de pertenencia.

En un mundo globalizado, donde muchas personas están tristes y se sienten solas, como muestran los altos índices de depresión y ansiedad, necesitamos más espacios presenciales, donde conversar, convivir y pensar juntas en otros mundos posibles, recuperar el pensamiento utópico. No existe nada más revolucionario y rupturista que introducir este discurso en un mundo tan distópico como el actual.

El proyecto termina, pero el propósito permanece. Ojalá sigamos eligiendo crear juntas en lugar de protegernos de enemigos imaginarios. Ojalá ocupemos nuestras energías en tejer comunidad y construir un mundo donde quepamos todas. Ojalá dejemos más espacio para la alegría y la celebración.

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