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La construcción de la percepción islamófoba

La construcción de la percepción islamófoba

Por Vanesa Martín,Responsable de proyectos y Nuevas Narrativas de la Fundación porCausa. «Esta misma mañana subí a un autobús urbano y caminé hasta la zona trasera. Una mujer estaba sentada junto a la ventana, y tomé asiento en el espacio libre a su lado. En seguida giró violentamente la cabeza, me recorrió con la mirada hasta llegar al hijab. Entonces con gesto serio se levantó y se fue a la parte delantera. Este tipo de cosas me suceden todos los días», cuenta una de las participantes del proyecto Empoweryouth.

En esta segunda entrada a este diario sobre mi experiencia como coordinadora de este proyecto creado para luchar contra la islamofobia, quería tratar de trasladar la conciencia que he tomado sobre la magnitudes de las violencias cotidianas que sufre la juventud musulmana. Para esto, es imprescindible hacer un recorrido del contexto social y político de los último años, para entender el auge del discurso islamófobo. Un discurso que no ha hecho más que crecer en los últimos años, alentado por la ultraderecha, alcanzando picos de extrema violencia como lo sucedido en junio del año pasado en el municipio de Torre Pacheco o los incidentes de El Ejido del año 2000.

El 11 de septiembre de 2001 marcó un punto de inflexión. Ese día no solo se derrumbaron las Torres Gemelas y fallecieron casi tres mil personas, sino que se puso en marcha una maquinaria de construcción de un nuevo enemigo común para Occidente. El terrorismo, y más específicamente el terrorismo islámico, pasó a ocupar el lugar que la amenaza comunista había dejado vacío tras la caída del Muro de Berlín.

Lo que siguió, fue un proceso deliberado de creación de la otredad: la figura de la persona musulmana se fue transformando en la encarnación de una amenaza existencial para las democracias occidentales. Los atentados posteriores en Madrid y Londres no hicieron sino consolidar esta narrativa, situando al terrorismo yihadista en el centro del debate público y normalizando una asociación tan peligrosa como falsa: la que identifica automáticamente a cualquier persona musulmana con el terrorismo. Esta construcción del «otro» como enemigo no fue accidental, sino el resultado de políticas conscientes que necesitaban justificar intervenciones militares y medidas de seguridad cada vez más restrictivas.

Como explica Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock, este tipo de desastres o «shocks» colectivos, son utilizados por los poderes para llevar a cabo políticas impopulares o que no obtendrían la aprobación popular en otros contextos sociales y políticos. Adicionalmente, todos los mecanismo propagandísticos de las grandes potencias, incluyendo la producción cultural, se pone al servicio de generar esta imagen del musulmán como terrorista y amenaza. Por mencionar un ejemplo, la película estadounidense Argo que ganaría el Oscar a mejor película en 2013, muestra a las personas árabes sin diálogo, gritando con grandes armas, mientras las personas que forman parte de la CIA aparecen siempre como héroes. Esta narrativa es la más común en la producción cinematográfica estadounidense.

Empoweryouth es un proyecto que nace para luchar contra la islamofobia y que, a través de procesos de convivencia y aprendizaje conjunto con la juventud musulmana, nos hace conscientes de los niveles de violencia y la visión homogénea y estereotipada que existe sobre estos y estas jóvenes. No me puedo imaginar que alguien me grite cuando me vea en la calle, se levante con violencia de mi lado en el autobús o me golpee en medio de la calle sin ningún tipo de intermediación. Es importante ver lo que se muestra en la superficie, pero más aún entender cómo hemos llegado hasta aquí. Sólo de esta manera podremos encontrar el camino de regreso. 

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