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Atender la salud mental, clave para superar las secuelas invisibles de la trata con fines de explotación sexual

Prostitución y salud mental: las secuelas invisibles de la trata con fines de explotación sexual

La prostitución y la trata con fines de explotación sexual no sólo dejan huellas físicas en las mujeres, sino también profundas cicatrices emocionales que las acompañan de por vida. Organizaciones especializadas en la atención a mujeres víctimas de trata, como Fiet, están alertando de la urgencia de integrar la salud mental en las políticas públicas y de ofrecer una atención especializada a este colectivo. 

“Las mujeres que logran salir de contextos de explotación llegan con graves alteraciones emocionales. Entre las secuelas psicológicas más comunes destacan: el insomnio, la ansiedad, los problemas de autoestima, la dificultad para confiar en los demás, la disociación y la sensación de no ser dignas de recibir un trato respetuoso”, apuntan desde el equipo de atención psicológica de Fiet. 

Los datos confirman la magnitud del problema, según diversas fuentes consultadas: 

  1. Según la ONG Fiet, las secuelas son físicas y mentales, siendo frecuentes la ansiedad, los trastornos del sueño, la depresión y el estrés postraumático. La organización alerta de un aumento del 20% en los casos de salud mental severa entre las mujeres atendidas. El Hospital Vall d’Hebron señala que más del 60% de las mujeres en situación de prostitución presentan algún trastorno de salud mental, como el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
  2. Un estudio de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) indica que el 68% de las mujeres en prostitución padecen estrés postraumático, superando incluso las tasas registradas en veteranos de guerra de Vietnam.
  3. El trauma complejo, fruto de una exposición prolongada a situaciones violentas y abusivas, se manifiesta a corto plazo en forma de síntomas compatibles con el trastorno de estrés postraumático (TEPT): miedo, pesadillas, pensamientos intrusivos, disociación, irritabilidad e hipervigilancia. A largo plazo, muchas mujeres continúan presentando síntomas ansioso-depresivos y alteraciones en el sueño. 

“Hemos visto mujeres que llegaron muy asustadas, desconfiadas, con un nivel elevado de ansiedad o un estado de ánimo muy bajo, y que, con apoyo terapéutico, han logrado recuperar hábitos cotidianos, confianza en sí mismas y paz mental”, destacan desde el equipo de atención psicológica de Fiet.

Las redes afectivas como pilares fundamentales 

El proceso de recuperación es desigual. Depende de factores como el tiempo de exposición a la prostitución, el nivel de violencia sufrido y la existencia de apoyo social o familiar. Muchas mujeres carecen de una red afectiva, lo que dificulta aún más su recuperación. En los casos en que sí existe, este apoyo puede ser un pilar fundamental, aunque en ocasiones también representa una carga por las expectativas poco realistas o presiones económicas que las familias ejercen sobre ellas (concretamente, en los casos de mujeres inmigrantes que envían dinero a sus países). 

Actualmente, la atención psicológica específica para mujeres víctimas de trata no está garantizada en la sanidad pública, y las entidades sociales cubren ese vacío con profesionales especializados en trauma. La saturación de los servicios de salud mental constituye una de las principales barreras de acceso a la atención adecuada. 

Desde el equipo de atención psicológica de Fiet se subraya la importancia de la intervención temprana. Los primeros momentos tras salir de una red de explotación son críticos: la mujer se encuentra confundida, con incertidumbre sobre su futuro y en una situación de extrema vulnerabilidad. En ese contexto, el acompañamiento psicosocial (trabajo social, asesoría legal y apoyo comunitario) es clave junto a la terapia psicológica. 

Revictimización y estigma 

La revictimización y la estigmatización social agravan el daño emocional. Tener que relatar repetidamente la experiencia ante diferentes instancias o enfrentarse al rechazo y los prejuicios sociales retrasa la recuperación y genera sentimientos de vergüenza y miedo. 

En el ámbito terapéutico, las intervenciones más efectivas son aquellas centradas en el trauma, como la terapia cognitivo-conductual enfocada en trauma y la EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares). 

Desde una perspectiva de salud pública, los profesionales insisten: sin una atención psicológica especializada no es posible una recuperación plena. Integrar la salud mental en las políticas contra la trata y la prostitución es urgente para ofrecer a estas mujeres una verdadera oportunidad de rehacer sus vidas. 

Finalmente, entidades como Fiet lanzan un mensaje a la sociedad: “La prostitución parece invisible en nuestro país, pero son miles las mujeres atrapadas en pisos, chalés y clubes. Muchas viven en soledad absoluta, sin apoyo ni protección. Además de haber dejado atrás sus hogares, cargan con un duelo migratorio y con el trauma de la explotación sexual. No podemos ser indiferentes. Ningún cuerpo debería estar en venta.”, apostillan desde la organización.  

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