La puesta en marcha de un proyecto agroecológico rodeado de fake news y estigmatización

Por Tiziana Martín, activista y miembro de Juventud XClima. El conflicto, que hace unas semanas tomó gran relevancia en los medios masivos de comunicación en Argentina, pone una vez más de manifiesto cómo muchas veces la presencia de proyectos productivos que no van alineados con los intereses políticos pueden formar parte de campañas mediáticas que fomentan las fake news, llevando la propuesta impulsada por movimientos y asociaciones ecologistas al centro de una puja política nacional.

Estamos hablando del proyecto agroecológico del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una organización social en el que las personas excluidas del mercado laboral formal se encuentran organizadas en 8 ramas que nuclean actividades. Este proyecto planea realizarse en la localidad de Chapadmalal (Provincia de Buenos Aires), ubicándose a 20km de la ciudad de Mar del Plata.

Se propone un uso productivo del 90% del predio, con organización de producciones primarias en sinergia entre ellas, como la horticultura, ganadería, cultivos extensivos, etc., y con unidades complementarias como la producción de bioinsumos, plantinera, vivero y actividades de transformación.

Además, va dirigido a personas que tengan las capacidades necesarias para integrarse con su trabajo al proyecto productivo, tanto los productores, como quienes desarrollen procesos de transformación y comercialización.

La cantidad de familias que requieren viviendas se determinará con mayor precisión cuando se concluya el diseño del proyecto y se pueda hacer una correcta estimación de las oportunidades que puede generar el proyecto para un trabajo digno.

Se prevé implementar las actividades productivas de manera progresiva, a fin de favorecer la instalación e integración por etapas de las familias, a medida que se concretan las diferentes unidades de producción.

Imagen satelital de las áreas cedidas para el proyecto agroecológico del MTE en Chapadmalal.

El panorama de este proyecto parece muy positivo, pero lamentablemente es todo lo contrario. En los medios tradicionales se ha hablado de una supuesta “usurpación” por parte de “la gente de Grabois”, un abogado y dirigente social que articula con movimientos rurales y que desde hace tiempo no es muy aclamado por la sociedad civil que se manifiesta en contra de estas propuestas.

Lo cierto es que la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) cedió de forma provisoria por un plazo de 180 días esos predios a la Asociación Civil Tercer Tiempo (ligada al MTE) para la elaboración de un proyecto de producción agrícola integral con el objetivo, una vez valorada la viabilidad de la propuesta, de implementar en esas hectáreas un modelo ejemplar de producción agroecológica. Esto significa que sólo es una tenencia provisoria hasta que el proyecto esté terminado, evaluado, aprobado y, a partir de entonces, otorgado para su implementación.

Representantes del MTE en el marco del Foro Social de Chapadmalal, reunidos con vecinos y vecinas para conversar y aclarar cuestiones vinculadas al proyecto

En el centro de la puja de la política nacional

La ciudad de Mar del Plata está entrando en su último año de gestión de Cambiemos. Su actual intendente, Guillermo Montenegro, es un exjuez Federal que se desempeñó como Ministro de Justicia y Seguridad durante la gestión del expresidente Mauricio Macri, como jefe de gobierno porteño.

En 2019, “Juntos por el Cambio” logró imponer a un hombre de su ala política y Montenegro, después de renunciar a su cargo como diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires, se consagró como el nuevo Intendente de General Pueyrredón. Allí comenzó a implementar políticas privatizadoras dentro del municipio de Mar del Plata y Batán.

Es cierto que por parte de Cambiemos existe un pedido de municipalización para poder hacer un emprendimiento con las características de la zona más top de Capital Federal (Buenos Aires), Puerto Madero, lo que significará un gran negocio dentro de la gestión de Montenegro. 

En los ojos de quienes se manifiestan en contra del Proyecto Agrícola, el “Proyecto privatizador” es mucho más ambicioso e incluye la construcción de un barrio privado lindero a la ruta 11 y la expropiación de playas públicas.

En esa franja costera se proyecta hacer una especie de «Jolla californiana», con inversiones privadas en reservas naturales y en tierras pertenecientes a la familia Peralta Ramos, una de las más ricas.

Incluso, en el año 2016, Mauricio Macri había solicitado a la Agencia de Administración de Bienes del Estado poner “disponibles para la venta” los lotes que hoy están en el centro de discusión, para generar un desarrollo inmobiliario con capitales privados.El punto de inflexión fue cuando el intendente de Mar del Plata radicó una denuncia penal contra el titular de la AABE y otros funcionarios involucrados por la toma de terrenos.

Con todo lo mencionado anteriormente, vemos cómo la disputa política pone en duda la veracidad y viabilidad del proyecto, y en donde nunca se ha abarcado en los beneficios que esto traería, no solo para los productores, sino para los vecinos de la región.

Según la doble vara, cuando el Estado argentino cede tierras para la producción de alimentos a cooperativas o trabajadores organizados, la oposición lo llama usurpación, pero cuando desde otros sectores se expropian playas públicas, se destruyen médanos, se patrocinan plazas o se instalan emprendimientos comerciales en reservas naturales, lo llaman padrinazgo privado y se relata como una oportunidad para generar nuevos empleos.

¿Por qué un modelo agroecológico?

La agroecología propone integrar la dimensión humana y comunitaria del acto de producir, reposicionando a productores y consumidores de alimentos como actores conscientes del cuidado de la casa común que representa la naturaleza, y del legado que tenemos para las generaciones futuras.

Este enfoque tiene abundantes desarrollos exitosos en Argentina y en el mundo y es reconocido como alternativa sustentable por los organismos internacionales (como la FAO, la agencia de la ONU dedicada a la seguridad alimentaria) y por las organizaciones de la agricultura familiar y campesina.

Para las inversiones iniciales necesarias de cara a las infraestructuras productivas, el proyecto está gestionando diferentes fuentes de financiamiento en coherencia con las orientaciones de políticas públicas tendientes a favorecer la agricultura familiar y la agroecología, haciendo uso de diferentes programas del Instituto Nacional de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena (INAFCI), del Ministerio del Ambiente, del Ministerio del Desarrollo Social y el financiamientos de programas internacionales.

Foto: Flor Guzetti

Fake news y estigmatización

Si hoy entramos a nuestras redes sociales vamos a encontrarnos con diversas opiniones, las cuales muchas veces son constructivas y en las que podemos optar por cuestionarlas y debatirlas y en ese ejercicio enriquecernos mutuamente, u optar por la vía cómoda, cancelando y prohibiendo cualquier tipo de investigación al respecto.

Eso ha sucedido y sigue pasando en torno a esta disputa de tierras, en la que se ha llevado a cabo una gran campaña mediática no solo en contra de las personas que están llevando adelante el prediseño del proyecto, sino en base a los objetivos generales del mismo.

“Tenemos que lidiar con la desinformación que cotidianamente nos invade en los medios de comunicación, este no es un caso particular, sabemos que los medios de comunicación hegemónicos mienten, aportan y encubren intereses que no tienen nada que ver con nuestro movimiento de trabajadores, nosotros seguimos tejiendo redes desde abajo, contactando con productores y profesionales que quieren trabajar de forma cooperativa y aportar con sus conocimientos. Esa es la realidad, es lo que hacemos todos los días, nosotros trabajamos mucho para cambiar este modelo de producción”, relata Soledad Nudel, referenta del MTE a quién hemos contactado para que nos cuente desde adentro todo el proceso que están viviendo y las negociaciones que se han llevado a cabo.

Agroecología SI

Soledad relató que encaran este proyecto “con el mismo entusiasmo y el objetivo de poder mejorar la calidad de vida de las familias trabajadoras de la agricultura familiar, junto a nuestras condiciones de trabajo, que hoy en día son muy precarias.

Particularmente en este proyecto agroecológico y educativo estamos trabajando arduamente junto a un equipo técnico de profesionales idóneos que nos ayudan a poder plasmar un sueño, es así como lo vivimos quienes acompañamos y quienes trabajan de sol a sol en el campo.” 

Referentes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE)

Es cierto que organismos de ciencia y tecnología vienen dando un apoyo creciente al desarrollo de la agroecología como estrategia para superar algunos de los problemas generados por los sistemas actuales de producción agropecuaria. Particularmente en la dimensión ambiental con la excesiva utilización de agroquímicos que genera problemas de contaminación y salud.

Ya existen en el país numerosas experiencias que muestran que es posible producir de esta manera, pero muchas veces las condiciones en que se ven obligados aproducir los agricultores familiares dificultan la implementación de estas formas de producir. 

A pesar de que en la actualidad, hay una gran cantidad de ejemplos de que estos proyectos son viables, aún cuesta mucho completar el recorrido hacia su ejecución por una cuestión muy simple: se prefiere apostar por la privatización y llevar a cabo la construcción de viviendas que no forman parte del plan de acceso a la vivienda propia que se ha impulsado durante varios años en el gobierno.

Se suele pensar que cuando hablamos de ambiente hablamos de algo unitario, y si bien durante mucho tiempo se lo consideró así, hoy en día se promueve romper con las falsas dicotomías y esas construcciones que nos han inculcado.

Es así como el enfoque agroecológico se basa en tres pilares fundamentales, relacionándose de primera mano con las dimensiones ecológicas, sociales y económicas. Busca un beneficio económico conservando los recursos naturales y buscando una mayor equidad intra e intergeneracional. Se trata de un sistema que incluye disciplinas como la agronomía, la sociología y la ecología, con un enfoque de ética social y considerando a la naturaleza como sujeto de derecho, por lo que protege bienes ecosistémicos y al clima, cuestiones que a su vez benefician a los productores. 

Más info:

mteargentina.org.ar

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